Una de las asignaturas pendientes de nuestro sistema educativo es la falta de flexibilidad para adaptarse a las nuevos tiempos. Si nos damos una vuelta por la mayoría de los centros educativos, no encontraréis en sus actividades extraescolares nada relacionado con la programación, mucho menos en horas lectivas. Este nuevo lenguaje, que desde mi punto de vista, está al mismo nivel de importancia que el inglés por ejemplo, debería tomarse más en serio si no queremos estar a la cola de Europa. Esta semana, en el Campus que Google acaba de abrir en Madrid, hemos empezado con una nueva actividad dentro de los GDGs con el fin de que muchos padres conozcan esta tecnología y empiecen a exigirla en sus centros educativos.

A los niños les gusta crear, y les gustan los ordenadores, las tablets, los teléfonos. Démosles herramientas que les permitan no solo ver videos o jugar a juegos, démosles lo necesario para que puedan aprender mientras juegan.

De todo lo que ha sucedido, me quedo algo que me ha llamado la atención y se podría repetir en muchos otros lugares. Había un chaval que venía con su profesora de clases particulares, se quejaba de que había perdido el interés por todo y que no sabía qué iba a hacer con el. Pues ese chico ha sido uno de los ganadores del hackathon, ha descubierto que le encanta programar. No sabemos si algún día será el fundador de una startup de éxito, pero si es una certeza que ha encontrado en la programación un interés que no tenía antes de venir al GDG Kids. Solo por esto merece la pena lo que estamos haciendo.

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